MERLE HAGGARD EN SAN QUENTIN

31Ago11

Hasta entonces, Merle Haggard había sido detenido por delitos menores. Pero había robado en un pequeño supermercado de pueblo y, aparte de la acumulación,  esto fue más serio y lo que le causó mayores problemas. Por la autopista 99, el autobús que le llevaba a San Quentín, en enero de 1958, atravesaba Bakersfield. Puede decirse que era un largo viaje. El autobús anunciaba claramente que los viajeros eran unos “invitados” del estado de California, pues bajo los barrotes de las ventanas se podía leer: “California Correctional Transportation”, y el final de la línea era, precisamente, San Quentín.

Cuando estaba llegando, ya comenzaba a oscurecer el día, y las luces de San Quentín podían verse a varias millas de distancia. Mientras el autobús atravesaba las puertas del penal, Merle advirtió que comenzaba a llover, pero en su mente le pareció que llovía desde el momento en que vio la prisión de San Quentín.

En su asiento del autobús, sentía una gran soledad y tristeza. Deseaba que lo que estaba viviendo no fuese real, sino un mal sueño. No obstante, Merle Haggard aún tuvo un pensamiento humorístico, y se decía así mismo “tal vez la prisión esté llena y, con suerte, no habría celdas libres”.

Para su desgracia, aunque allí había casi seis mil hombres, él ya tenía hecha “la reserva”, y, aproximadamente, a las 10 de la noche, Merle entró en su celda. Era la nº 13, de la sección B, 4º piso, en el bloque sur. No pudo dormir en toda la noche; sus pensamientos estaban en Bakersfield, en todo lo que eran buenos recuerdos, y en el hijo que estaba a punto de nacer.

En San Quentín encontrón a varios conocidos que tocaban la guitarra y le animaban a tocar con ellos, pero Merle no tenía fuerzas ni ánimos ni siquiera para intentarlo.

Merle conoció la dureza de la cárcel, trabajando en la lavandería, sufriendo algún que otro arresto de aislamiento y, lo que era más duro, comprobando cómo las cartas de su esposa Leona dejaban de llegar. Aprendió que cualquier favor que te hacian en la carcel, no era gratis.

A uno de los amigos que tenía en la prisión, le ejecutaron en la cámara de gas, y años más tarde, cuando escribió “Sing Me Back Home”, una de sus obras maestras, lo hizo porque creía saber como se sentiría su amigo en aquella noche previa a su ejecución.

 La canción, http://youtube.com/watch?v=zN5d4TY-wHM&fmt=18 comienza con estas líneas:

“The warden led a prisoner down the hallway to his doom

I stood up, to say good-bye like all the rest

And I heard him tell the warden, just before he reached my cell

‘Let my guitar, playing friend do my request’ (Let him)”

En San Quentín vivió un acontecimiento mucho más agradable, como fue la visita al penal de Johnny Cash, si bien en aquellos tiempos, Cash no era el personaje tan famoso como llegó a serlo más adelante. Sentado frente al escenario, Merle pensaba que tal vez un día podría llegar a ser también una estrella de la country music y estar en ese mismo lugar, haciendo lo mismo que Johnny Cash. Lo cierto es que Johnny Cash, con su música, hizo que todos se olvidaran dónde estaban.

Dos años y nueve meses en la cárcel, ese fue el tiempo que Merle estuvo en el penal y otros dos años y tres meses en libertad condicional. Fueron en  total 5 años de condena. Nueve años más tarde, el 1 de marzo de 1972, recibió, firmado por el entonces gobernador de California, Ronald Reagan, el perdón por su completa rehabilitación.

Cuando salía de San Quentín, de la garita de uno de los guardias se podía oír a Hank Snow cantando “The Last Ride”. El también se sentía un vagabundo solitario (una referencia de esa canción), porque nadie estaba esperándole, ni siquiera su esposa; tan sólo le acompañaba su guitarra y 15 dólares que le dieron para poder regresar a Bakersfield.

A casa. En ese momento no se podía imaginar  que sería el artista de country más famoso que había estado “enjaulado”, pues hasta entonces, para él, estar en la cárcel casi había sido una forma de vida, mientras que  la música era algo muy secundario.

Comenzó entonces una nueva vida para Merle; como músico, empezó a trabajar actuando en diversos establecimientos, hasta que le ofrecieron tocar nada menos que para Wynn Stewart, junto a Roy Nichols, Ralph Money (todo un virtuoso de la steel), Bobby Austin y otros grandes músicos. Wynn Stewart tenía que encontrar un sustituto precisamente para Bobby Austin (el co-escritor de “Apartment nº 9”), quien había decidido abandonar para formar su propio grupo.

Poco tiempo después, se separó de su primera esposa, Leona Hobbs, y Merle se quedó con la custodia de sus 5 hijos.

Trabajando para Wynn Stewart fué donde comenzó, realmente, la carrera musical de Merle Haggard, hasta llegar a convertirse actualmente en una de las más grandes leyendas de la música country. Creo que la primera canción que escuché de Merle fue “Mama Tried”, una canción universalmente conocida: http://www.youtube.com/watch?v=jxQbvSjQy9A  una canción decisiva en su carrera, y aunque no es autobiográfica, en ella reconoce los esfuerzos que hizo su madre para que “fuese por el buen camino”  y sin embargo Merle rechazaba sus buenos consejos una y otra vez, llegando a causar a su madre un gran sufrimiento con su conducta y su ingreso en San Quentin. Uno de sus párrafos dice asi:

 “Dear old Daddy, rest his soul,

Left my Mom a heavy load;

She tried so very hard to fill his shoes.

Working hours without rest,

Wanted me to have the best.

She tried to raise me right but I refused”

Tuvo aciertos y errores como los cometemos todos, pero nadie podrá dudar del gran talento de esta grandísima super-estrella que es toda una leyenda de la música country. Ese gran talento creo yo que de alguna forma a todos nos pertenece, y lo disfrutamos precisamente con su música.



2 Responses to “MERLE HAGGARD EN SAN QUENTIN”

  1. Me encantan estas historias de nuestros artistas, te animo a que sigas haciendolo. Todo un tipo nuestro Okie from Muskogee.

    • 2 countrymusicstation

      Seguiré contando aquí historias de nuestros personajes del country. Claro que si.


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